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Las eras del cannabis: de las landraces a los híbridos y autoflorecientes.

Mr.GramGram · 01 de junio de 2026 · 8 min de lectura

La historia de las variedades de cannabis suele dividirse en eras: landraces, hibridación (Old School), autoflorecientes y Cali. La división es convencional: no la inventaron científicos, sino los propios criadores y cultivadores. Pero detrás de esas etiquetas hay una evolución real de la planta junto al ser humano. Veremos las tres primeras eras; el fenómeno Cali tiene artículo propio.

La era de las landraces.

A las landraces se las describe a menudo como «salvajes, creadas por la naturaleza sin intervención humana». No es del todo cierto. El hallazgo más antiguo de cannabis psicoactivo data de alrededor del 650 a. C.: en la tumba de Yanghai, en el desierto de Gobi, se encontró un recipiente con marihuana, un artefacto de unos 2700 años. Pero el ser humano practica la agricultura desde hace 10 000–12 000 años. Es decir, la selección de las plantas más sabrosas, productivas y potentes empezó mucho antes de ese hallazgo.

Los pueblos antiguos recogían semillas de las plantas que les gustaban y las sembraban cerca de sus viviendas, fijando los genes deseados. Cuando las tribus desaparecían o migraban, esas plantas volvían a asilvestrarse, pero ya con una aportación humana en su genética. Por eso las landraces no pueden considerarse plenamente naturales. Vistas con ojos actuales, la mayoría de cultivadores las llamaría «escobas»: hojosas, de cogollos aireados y con un THC bajo para los estándares de hoy.

Terruño: el lugar importa

Las landraces traen consigo el concepto de terruño (más habitual en el vino, aunque existe el término Terroir-Hash). El terruño no es solo genética, sino toda la localidad: composición del suelo, relieve, altitud, régimen térmico. Una misma landrace —por ejemplo, Afghan Kush— dará un resultado distinto en su tierra de origen y en un invernadero holandés.

El punto de partida moderno.

Hacia los años sesenta y setenta empezaron a llegar en masa semillas de landraces de todos los rincones del planeta, y ahí arranca la selección moderna. En 1974 salió el primer número de High Times y en 1977 una lista de las «Top 40 variedades» con landraces como Acapulco Gold, Thai, Hawaiian y Colombian Gold. El THC solía ser entonces de apenas un 1–4 %, y solo las landraces afganas alcanzaban a veces un 8–10 %.

La era de la hibridación (Old School).

En cuanto las semillas de landraces llegaron a los cultivadores clandestinos, empezaron a cruzarlas entre sí. Así surgieron los primeros híbridos F1 y, poco después, los polihíbridos. El cruce más habitual era sativa con índica: de la índica se tomaban los cogollos densos y la compacidad; de la sativa, el efecto estimulante y la resistencia. Esta era dio variedades de culto: Northern Lights, White Widow, AK-47, Super Lemon Haze, OG Kush y las legendarias Haze.

La era de las autoflorecientes.

A comienzos de los 2000 (hacia 2003) un criador conocido como the Joint Doctor creó, casi por accidente, una planta de floración automática: Lowryder. Aquello recortó drásticamente los tiempos de maduración: una autofloreciente entra en floración por edad, no por la duración del día. El precio de esa velocidad fue un aroma monótono, mezcla de planta cultivada y hierba silvestre. El trabajo sobre el sabor y el aroma de las autoflorecientes continúa hoy.

Preguntas y respuestas.

¿Qué es una landrace?

Una variedad de cannabis formada durante mucho tiempo en una zona concreta con un cruce deliberado mínimo. Nominalmente «natural», pero casi siempre con selección humana en su base.

¿Por qué las variedades antiguas tenían tan poco THC?

La selección orientada a la psicoactividad apenas comenzaba. Los niveles típicos eran del 1–4 %, y solo las landraces afganas llegaban al 8–10 %.

¿Quién creó la primera autofloreciente?

Se atribuye al criador conocido como the Joint Doctor, con la variedad Lowryder, a comienzos de los años 2000.

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